Negocios Globales (emb.cl) · Publicado el 3 de julio de 2026
¿Qué tiene que ver un conflicto en Medio Oriente con la planificación de una empresa en Chile? Mucho más de lo que parece. Así lo plantea Jorge Aravena N., Gerente de Desarrollo Corporativo del Grupo TW, en una columna publicada en Negocios Globales que invita a mirar la logística desde una perspectiva estratégica.
El punto de partida es un diagnóstico. El escenario geopolítico global se reconfigura a una velocidad que obliga a las empresas a incorporar estas variables en su planificación. Las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, por ejemplo, ponen en riesgo cerca del 20% del suministro mundial de petróleo y gas, con impacto directo en los costos energéticos y presiones inflacionarias a escala global.
La columna traza además el trasfondo de fondo: el paso de un orden liderado por Estados Unidos a un escenario donde China ha ganado influencia a través de su capacidad productiva y su soft power, con inversiones en energía, minería, logística y tecnología. Ante la dificultad de competir en costos, Estados Unidos habría orientado su estrategia hacia el control de las cadenas de suministro de insumos críticos: petróleo, tierras raras, litio, cobre y microchips avanzados. Desde esa lógica se entienden el interés por Groenlandia, la relevancia de Taiwán y las tensiones en distintas regiones del mundo.
En este tablero, Aravena identifica una oportunidad para Chile. El país posee minerales estratégicos para el desarrollo tecnológico y un enorme potencial en energías renovables, una combinación que podría posicionarlo como hub de conectividad entre Latinoamérica y Asia, e incluso atraer inversiones vinculadas a la inteligencia artificial. El desafío, señala, es doble: diseñar la estrategia con la que el país navega la disputa entre las dos grandes potencias y, a nivel industrial, generar las condiciones logísticas y de abastecimiento que sostengan esas nuevas operaciones.
La conclusión es clara. La geopolítica dejó de ser un asunto exclusivamente diplomático para transformarse en un factor determinante de la competitividad empresarial. Las organizaciones que incorporen estas variables en su planificación estarán mejor preparadas para lo que viene.
Puedes leer la columna completa de Jorge Aravena aquí.